Gran revuelo causó el slogan clasista de la candidata a diputada local Corintia Cruz Oregón. Como si su distrito fuera una especie de aldea perdida en la jungla, la señorita Cruz Oregón, se quiso ver como la reina blanca de la selva, como la hija de la luna, quería que la gente la reconociera por el color de su piel y por su magnificencia. Corintia quería entrar a una de las aldeas que conforman el distrito de Xalapa y que las mujeres y los hombres se rindieran a sus pies, que la coronaran con laurel y le dijeran: “Salve o güerita, salve o misericordiosa mujer blanca, la güerita que ayuda”.

Pero la verdad es que como dicen ya en las redes sociales, Corintia ni es güerita y ni ayuda. Antes bien los que la conocen saben de la codicia de esta mujer que, ante una derrota inminente, no piensa gastar ni un centavo de su bolsa y piensa quedarse con lo más que pueda del dinero que le den para su campaña.

Ya por ahí surgieron las primeras voces de personas que fueron llamadas a colaborar en su campaña, personas que iban a recorrer las calles con banderitas rojas que llevan su nombre, personas que en las esquinas iban a invitar al voto por la güerita y resulta que de entrada se quejan porque los quieren contratar sin ninguna promesa de pago.

Así es, Corintia sabe que va a perder, que no ganaría ni aunque fuera la única en la contienda, de modo que su estrategia es llevársela de a muertito estas dos semanas y quedarse con lo que por ahí le vaya cayendo.

La güerita que ayuda sólo se ayuda a ella. Y es que uno no entiende cómo es posible que en los puestos en los que ha laborado, ya sea como líder de Juventud Dinámica, regidora quinta del ayuntamiento, secretaria general del PRI, que se puede decir han sido los puestos más relevantes que ha tenido, Corintia puede tener una casa enorme en el fraccionamiento Monte Magno, con un garage para dos autos último modelo, cuya sola puerta tuvo un costo de 50 mil pesos.

Por supuesto la güerita que se ayuda en campaña siempre pregona su origen humilde, dice ser de uno de los barrios de la zona de Los Lagos; presume su paso por la Universidad Veracruzana pues no es egresada de ninguna universidad de paga, ni de la Ibero, ni de la Anáhuac, ni de la UDLA.

Pero desde que empezó el sexenio actual, desde que cayó bajo la protección de Érick Lagos primero y después de Javier Duarte, la señorita dejó de ser la humilde universitaria para convertirse en la dama de compañía de los grandes políticos. Esa era su presunción, esa era la manera como fue abriéndose paso en la política, como se le fueron abriendo las puertas. Los funcionarios públicos accedían a lo que ella pidiera porque sabían que la güerita le hacía favores a Érick Lagos, al gobernador y pues cómo no abrirle las puertas a joven tan sacrificada.

Así fue haciendo su capital político y su capital económico. Así lo aprendió de Carolina Gudiño, de Ainara Rementería, de Martha Montoya, de Shariffe Osman. El salario que ganó como líder juvenil, como regidora, como secretaria general del PRI estatal no alcanzaría para las propiedades que la güerita tiene, y si todavía, como dice su slogan de campaña, la güerita se puso a ayudar, pues la pobre viviría en un departamento de tres piezas, con un auto sedán que tendría que dejar estacionado en la calle.

Pero no, Corintia Cruz, la güerita que se ayuda, vive en Monte Magno, a todo lujo, una de las tantas propiedades que consiguió en el sexenio de Javier Duarte. Pero quiere se diputada, no para ayudar, sino para seguir ayudándose. Nada más que no se le va a hacer y por eso prefiere quedarse con lo que le den.

 

Fuente: Armando Ortiz